| Uruguay llegó a la Luna |
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| Escrito por Nicolas Parrilla | |||||||||
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Con un show plagado de reminiscencias a bandas rioplatenses, los uruguayos de No Te Va Gustar llenaron su primer Luna Park con lo que mejor saben hacer: rock, murga, reggae y candombe del bueno.
Cuarenta y cinco minutos después de la hora anunciada, y tras cinco temas de la banda soporte Socio (también uruguayos), se apagaron las luces del palacio del boxeo porteño. Un escenario sencillo, con la nueva gráfica de la banda en un telón de fondo era enfocado por los ojos de un estadio colmado casi en su totalidad, que se impacientaba esperando a No te va gustar, que se jugaba una parada brava: por primera vez, un Luna Park para ellos solos. Y no defraudaron. El show, al igual que en el Quilmes Rock, empezó con Al vacío, y luego vino el primer estallido de la noche: la banda saludó con un “buenas noches, Buenos Aires”, mientras sonaban los primeros acordes de Más mejor. Después siguieron Te quiero más, la emotiva La única voz, Vivir muriendo y No hay dolor. Ahí Emiliano hizo un parate para presentar Niño, una balada rockera, con guitarras al frente, que va a estar incluida en su próximo disco. También fue rockera la nueva versión que hicieron de No lo ves, tema que en su último trabajo Todo es tan inflamable, aparece en una versión mucho más tranquila. La primera ronda de la noche se formó con Ya entendí, y luego subió al escenario el primero de los dos invitados de la noche, Marcelo Fernández, guitarrista de la banda uruguaya Buenos muchachos, para hacer dos temas del primer disco de NTVG, Solo de noche: Cosa linda y Déjame bailar, que fueron festejados por el público, que esperaba estas perlitas. Luego tocaron En la cara, y dos temas que hacía mucho tiempo que no tocaban en vivo, y que jugando con la similitud de sus nombres los hicieron juntos: La soledad y Solo. Luego llegó uno de los momentos más altos de la noche: la banda hizo uno de sus éxitos radiales, Verte reír, enganchado con un fragmento del clásico de Sumo, Mañana en el Abasto. Después de un gran sólo de saxofón, a cargo de Mauricio Ortiz, arrancaron con Nada para ver, el tema que le dedicaron a su Montevideo natal, y que hizo que todo el estadio saltara. Para culminar este clímax, hicieron una versión de Maldición, de los charrúas Once tiros, “obligados” por el público que había empezado a cantarla. Después presentaron el otro estreno, Tu nombre, un tema que Emiliano le dedicó a su hermana. Luego fue el turno de la murga, para Cielo de un solo color, y el romanticismo, para No necesito nada, que contó con un fragmento de Zafar, himno de otro grupo amigo, La vela puerca, que también empezó a cantar el público y luego la banda lo siguió, demostrando la buena onda entre las bandas. Le siguieron El oficial (que la gente celebró al grito de “el que no salta es militar”), Clara (otro clásico muy aplaudido) y unos fragmentos de un poema de Mario Benedetti, incluidos en De nada sirve, tema que cierra su disco Todo es tan inflamable. El público de ntvg es muy respetuoso de lo que plantea su banda, y todo el Luna saltó cuando hicieron Tenés que saltar. Después vinieron Me cuesta creer, (con la introducción de Heartbreaker, de Led Zepellin), el otro éxito radial, Pensar, (que sirvió para presentar a todo el equipo que acompaña a la banda, incluyendo a managers, plomos y asistentes, que fueron obligados a subir al escenario y bailar con un Emiliano, que se mostró muy activo durante toda la noche) y Fuera de control, con Pablo Silveira, cantante de Once tiros como invitado especial. Después del clásico No era cierto (causante de una ronda de enormes dimensiones), la banda amagó a despedirse, pero solo fue por unos minutos, ya que volvieron y arremetieron con los tres últimos temas, que generaron una sensación muy parecida al éxtasis en la gente. Primero fue el reggae Voy, acompañado por dos estrofas de otro tema de La vela puerca, El huracán. Después la chacarera Mucho más feliz, que hizo parecer al Luna a una peña folclórica. Para cerrar, como la banda acostumbra, hicieron Te voy a llevar, y coronando una noche espectacular agregaron un fragmento del clásico de Los redondos, Todo un palo, para que todo un luna salte a más no poder y se pregunte: ¿Cómo no sentirme así? Y la respuesta fue fácil: Como no sentirse así, si la banda amiga que te aguanta el corazón se quedó a festejar. En resumen, un show completo, de punta a punta, donde no faltaron ni los temas clásicos, ni los más viejos, ni los más nuevos, ni los invitados, ni la fiesta. Los ntvg se pueden ir a dormir tranquilos, que su trabajo lo hicieron más que bien: su romance con el público argentino sigue viento en popa.
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