| Miguel MATEOS MOSTRÓ FIDELIDAD HACIA LA MÚSICA |
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| viernes, 28 de noviembre de 2008 | |||||
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Con un carisma que supo transmitir y apoyado en grandes músicos y una voz plena Miguel Mateos demostró vigencia rockera el sábado 22 en el teatro El Círculo de Rosario.
Eran ya las 22 y los espectadores demostraban puntualidad coreando arengas y aplaudiendo, deseosos de volver a ver un artista que por momentos regresara de lleno a los ´80, aunque admita que “los 80 ya me tienen podrido”. Toda esa gente (de 35 para arriba) ya no daba más y por suerte apareció Miguel, a eso de las 22:20, sacó su Cabeza fuera del agua con el tema que abre su último disco. Y a esto le siguió Fidelidad, tema que le da titulo a este cd, acompañado de una pantalla gigante sobre el fondo del escenario que ilustraba y remarcaba el peso de sus poesías. ![]() Mientras tanto, el ex-zas! demostraba su experiencia creando diferentes climas y sabiendo matizar los ritmos y para que no decaiga arremetió con Si tuviéramos alas y Perdiendo el control. Mateos, que al principio se mostraba un tanto distante, fue soltándose de a poco y mezclando bocanadas de poesía con esas que todos sabemos y siguen sonando; así continuaban Un millón de rosas, Pisanlov, Anestesia, hasta llegar a Bar imperio, en donde el fervor alcanzaba hasta su punto máximo. En Trashganistan ya la pantalla mostraba imágenes crudas de pobreza justificando de esta manera la letra. “Miguel cantá toda la noche” se escuchaba desde las butacas, grito justificado si se tiene en cuenta que al escuchar temas como Lola no dan ganas de volver a casa. A todo eso seguía Dudas y un potpurrí ochentoso compuesto por Satisfacción, Extra Extra, Un gato en la ciudad y Huevos. El Nene más malo y Beso francés fueron la antesala de un Mateos que supo congeniar perfectamente con el público al momento de pedirle que coreara el estribillo de el Jardin del amor, en donde primero explicó las raíces de la canción y luego se mostró gracioso y compinche pidiendo coros al estilo Bee Gees. Frente a uno de los mayores exponentes del rock nacional, que tuvo su época dorada en los ´80, no se puede negar que estás preparado para escuchar un hit tras otro y así es como nos regala Atado a un sentimiento, Rockeando, Mi sombra en la pared y Cuando seas grande. Luego llega el momento en que amaga a despedirse y vuelve con la clásica toalla blanca para secarse la transpiración, dirige unas palabras al público, agradece la concurrencia y comenta sobre la original intro que prepararon para el próximo tema. Es así como el teatro llega por fin a su clímax total en Llámame si me necesitas y Obsesión y nuestro artista se despide agradeciendo nuevamente y se retira. Las impresiones del show se pueden extraer en la retirada del público. En algunas caras se notaba satisfacción por una función en donde no faltó ritmo, carisma y equilibrio de un cantante a pleno aunque sí la ausencia de Tirá para arriba (que todos esperábamos). Y otros se retiraron contentos de disfrutar la visita de un grande del rock argentino, en una buena performance de dos horas, entendiendo que no necesita de un hit para demostrar trayectoria. Fotos: MARCELO MENEGOZZI
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